Andy Barroso y un viaje a la raíz del snowboard: Riding Patagónico

Riding Patagónico, el viaje de Andy Barroso a la raíz de lo que ama.

Texto: Andy Barroso
Fotos: Julián Lausi

A veces, la vida nos pone a prueba. Este año se cumplen 20 años de Snowboard en mi vida y a diferencia de lo que hubiera imaginado en este 2016 no hice una temporada más como cualquier otra, las cosas no fueron como siempre.

Desafortunadamente, una serie de incidentes, de los cuales prefiero no hablar, sería volver a enojarme con una industria que cada día demuestra que le importa tener y ayudar a fantasmas de moda, más que a los que nos dejamos el lomo en la cancha.

Pues sí, sucedió mi pesadilla este año, no iba a haber temporada para mí…

En ese momento, me sentí bastante perdido, como si hubiera bastardeado todo el amor hacia el snowboard que había invertido…

Me enojé mucho… pero, de que sirve. De repente, perdí todo ese laburo invertido. Durante tanto tiempo, tuve que ir y regresar hacia la raíz de lo que me hace tan feliz.

Esa raíz, es el RIDING PATAGONICO.

El Riding patagónico es un concepto que nació de la mano de un gran fotógrafo español, Alex Gostelli, que en una de sus visitas allá por el 2003/2004 supo definir nuestra forma única de snowboard. Alex conocía la escena internacional del snowboard perfectamente y el nos diferenciaba de una manera clara, nuestro snowboard era único y sobre todo tenía mucho corazón y adaptación. Un snowboard que se buscaba la vida.

Corazón, porque los medios con los que contábamos eran mucho menores que de los cualquier otro snowboarder del planeta contaba y había que tenerlo, ya que la idea de vivir del snowboard siempre fue lejana, era simple, o lo sentías o nada, no había tanta plataforma mediática como FB, instagram, etc . Salir en un revista era un logro gigante en ese momento, hoy es muy distinto, subís una foto a las redes con tu tabla y les haces creer a todos que sos un pro. En ese entonces, la fama no importaba, solo importaba andar con toda y progresar.

Adaptación, porque los medios para entrenar en argentina eran mucho más escasos, de hecho, ni snowparks había. Siempre recordare las palabras de uno de los fundadores de ese andar, el Pájaro Lasagabaster: “si querés aprender a saltar, andá, comprate una pala ¡Corta la bocha”, siempre entendimos esto de que nos faltaban medios pero eso también nos hizo aprender a sacar lo mejor que teníamos.

Patagónico, porque justamente Patagonia tiene un clima muy especial donde un día tenés polvo, al otro hielo y al otro nieve primavera, todas esas secuencias juntas en lapsos de tiempo muy cortos. Había que aprender andar en todo, sin olvidar las rampas mal armadas, las pistas mal pisadas y un montón de contras que se volvieron pros con el paso del tiempo.

Aprendimos de lo que no teníamos y eso nos preparó mejor, porque cuando llegábamos a las condiciones perfectas, todo era mucho más fácil.

Crecimos desde la falta, esa es una de las cosas que hacen que el riding patagónico sea un andar 4×4. De repente, estábamos preparados para andar en las mejores condiciones pero masterizando las peores. Por ejemplo, no puedo olvidar un par de construcciones de rampa en la dureza misma, ni nieve primavera había en la caída, no importaba, había que seguir.

Por suerte, un gran amigo fotógrafo, Julián Lausi, con el cual hemos compartido más de una batalla, me escribió en agosto contándome que había una posibilidad de hacer un viaje para Gravedad. Por mi parte, yo estaba en mi casa en Uruguay, surfeando y encarando un proyecto de PowSurf (primeras tablas sin fijaciones) ya que, tenía la necesidad de reconectar con la esencia de lo que hacía para poder recuperar el amor, así que agarré un tablón de madera y le di forma sin mas, sin mucho conocimiento pero con mucho amor. Le comenté a Juli y le encantó la idea de llevarlo y probar si andaba o no.

Así fue, a mediados de agosto, volví a la cordillera después de más de diez meses sin tocar la nieve, fueron 10 días de snowboard, lo cual, no parece mucho, pero cuando pensaste que ni ibas a tocar la nieve, te parece una temporada entera.

Sin olvidar que fue una de las peores temporadas de nieve de los últimos años, quien sabe porque o quizás si , esos diez días que tuvimos en Patagonia fueron los mejores de la temporada, la naturaleza nos bendijo. Sobre el viaje, solo les digo que fue mágico con miles de contratiempos pero que siempre se resolvían con un mejor resultado. Prefiero que el viaje lo cuenten las imágenes de mi amigo Juli.

Como lección me queda que cuando te sientas perdido, a veces, volver a la raíz nos hace recordar porque lo hacemos, porque vivimos para esto más allá de las marcas y la pseudofama de rider.

Esa semilla, llena de amor, siempre tendrá la respuesta en el momento más difícil.

Agradecer a Gravedad Zero por creer en el proyecto, a Cerro Chapelco, Cerro Bayo y Baguales por su atención y las facilidades, por las cuales, pudimos lograr el material que vinimos a buscar. A toda la gente que nos ayudó, desde alojarnos hasta salvarnos en nuestro contra tiempos. A todos esos abrazos que me cruce en cada montaña que me llenaron el corazón de alegría…

Son tiempos difíciles pero hay que mantenerse reales y sinceros a lo que amamos que es andar, simplemente andar…

 

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