Por Leo Mezzera

Llamativamente el regreso discográfico de Blur con su formación original tras 16 años de ausencia tiene en el azar una de sus principales causas, pero no la única. Primero hubo reconciliación entre viejos amigos; Damon Albarn y Graham Coxon firmaron las paces allá por el 2009 tras un período de separación que comenzó cuando el guitarrista fue expulsado de la grabación de Think Tank, el disco que Blur grabó en Marruecos en 2003.

El feliz reencuentro de la banda se coronó con shows en el mítico festival de Glastonbury y en Hyde Park. El documental No Distance Left To Run refleja la historia del grupo y ese momento en el que parecen exorcizar sus propios demonios con un Albarn llorando desconsolado en plena presentación multitudinaria.

Tras el retorno a los escenarios la banda de Essex siguió tocando esporádicamente y lanzó dos temas nuevos “The Puritan” y “Under the Westway” que no sirvieron para calmar a los fans que todavía esperaban un nuevo disco. En medio de todo ello Damon Albarn dio a conocer su primer trabajo como solista. “Everyday Robots” fue aclamado por la crítica y bien recibido por el público.

Con el monstruo Gorillaz siempre listo a despertar, el lanzamiento de la carrera solista de Albarn y los diversos proyectos en los que siempre está involucrado el inquieto músico nada hacía presagiar un nuevo disco de Blur. Pero el azar interviene de maneras misteriosas y tras cancelarse una presentación del conjunto británico en Japón mientras estos estaban en Hong Kong decidieron encerrarse en un estudio y grabar nuevo material durante una semana en la futurista ciudad china.

Tras cinco días de Jams quedaron registros a las que tiempo después volvió Graham Coxon junto al histórico productor de Blur, Stephen Street, con el objetivo de intentar darle forma de disco a esa semana de música nueva en Hong Kong. Luego de la intervención del guitarrista y del productor, el resto de los los miembros de la banda grabaron algunas partes nuevamente y Albarn viajó a la ciudad china para encontrar inspiración en las letras del disco. El resultado de esta inusual forma de gestación de una nueva obra es The Magic Whip.

El comienzo del disco con Lonesome Street parece anunciar el regreso del Blur de Parklife, con clara influencia en el rock/pop británico más sofisticado, The Kinks, XTC y ese estribillo 100% Syd Barrett están presentes en el primer tema de The Magic Whip tal y como lo estaban en uno de los discos claves para definir el Britpop 90s.

La ilusión de una obra totalmente retro se acaba en New World Towers, tema que podría haber sido parte de Everyday Robots, lo que lo diferencia es que Coxom, James y Rowntree visten la canción hasta alejarla de ese sonido minimalista del primer disco de Albarn y aparecen los primeros guiños líricos y sonoros a Hong Kong.

Go Out, primer corte de difusión, recuerda a su disco homónimo de 1997 en el cual estaban fascinados con la escena indie norteamericana de aquel entonces con Pavement a la cabeza. El Déjà vu aparece nuevamente en The Ice Cream Man gracias a la construcción de una suerte de anti héroe que recuerda a Top Man o Dan Abnormal, canciones del disco The Great Escape.

El Blur más punk, presente en casi toda su discografía, aparece en I Broadcast y el momento Bowie se lo lleva Thought I Was A Spaceman. La influencia Bowie en Albarn se nota en algunos elementos de la canción, pero el resultado final de Damon al acercarse a la música del camaleón es más melancólico, tal como lo muestran Strange News From Another Star del disco Blur o  en este caso I Thought…

Lo mejor de The Magic Whip comienza promediando la mitad del disco con My Terracotta Heart, el espíritu soulero y desgarrador sumado a una letra que habla sobre la historia de amistad, separación y reencuentro de la propia banda calan hondo. El trabajo de Alex James en bajo es perfecto, mucho feeling para tocar en una canción que requiere sensibilidad total. Lo de Graham merece una mención especial, con su guitarra al servicio de la canción más que nunca The Magic Whip se eleva e ilumina con sus brillantes intervenciones como la de la parte final de My Terracotta…

La problemática de las letras del disco no dista mucho de lo que planteaba Albarn en Everyday Robots, seres humanos alienados con la tecnología y cierto vacío existencial pero esta vez con el pantallazo al futuro que proporciona una ciudad como Hong Kong. Moderna, monstruosa y fascinante al mismo tiempo. Parte de todo ello se ve reflejado en There Are Too Many Of Us, una marcha rockera con sabor a terror y sonidos del espacio para agigantar esa sensación de granitos de arena en el universo.

Ghostship trae calma, disfrute instantáneo y la versión Gorillaz según Blur con el espíritu de Bobby Womack presente y una Hong Kong romántica.

En The Magic Whip parece repetirse una constante, de la luz a la oscuridad y viceversa, si Ghostship es una canción que porta luminosidad y cierto aire clásico, Pyongyan es su opuesto. Probablemente la banda llega a su pico creativo con esta pieza musical oscura y compleja que recuerda a Caramel de 13 (1999).

El tema más simple y directo del disco es Ong Ong, allí aparecen los clásicos la la la la de la banda y todo suena en tono optimista.

El nuevo viaje de Blur cierra con la deslumbrante Mirrorball, un perfecto puente musical entre Occidente y Oriente con Albarn oficiando de crooner y Coxon haciendo maravillas en cada arreglo, incluidos los silencios que deja entre acorde y acorde, porque vale recordar que el silencio también es parte vital de la música y Coxon utilizó los silencios en este disco mejor que nunca.

The Magic Whip es el precioso disco regreso de una banda que parece crecer cuando se aleja de las canciones que lo acercan a su pasado y abraza un presente marcado por las aventuras musicales emprendidas por Albarn en solitario y por el retorno triunfal de un Graham Coxon inspirado.

 

 

 

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