El Kitesurf como sentimiento de libertad

¡Libertad, libertad, libertad!

Por: Francisco Deane

Cuando encontré el kitesurf me dejó con la boca abierta, lo vi por primera vez en Brasil, un rider salía parado con una tabla de surf y surfeaba tantas veces como quería, sin dar brazadas sino simplemente dejándose llevar por el viento.Una vez habiendo llegado a  Buenos Aires empecé a ir todos los  fines de semana al Río de la Plata y para sacar fotos a todas las velas posibles y entender cómo se navegaba. Acto seguido dejé el remo y de un día a otro me compré un Wipika 2004 16 metros. Un Ford A que nadie se atrevía a usar, era grande, tosco, pesado para levantar, cinco líneas pero un género irrompible. La primera vez que lo levanté fue con otros socios del club que me enseñaron los primeros pasos, correcto, no tuve clases. Las etapas siguientes fueron lanzarme de un gomón derivar cuantas veces sea posible hasta que aprendí a orzar, salir y volver al mismo punto de origen.

Mis primeros bordes me enseñaron a contemplar la naturaleza y a unirme con ella lo máximo que podía, es realmente muy difícil de describir cuando ves un atardecer y la ciudad a lo lejos. Te sentís un privilegiado de vivir la vida desde otro ángulo, desde lo simple y el disfrutar.

Una vez que surfeas tu primera ola, que vivís una sudestada de 30 nudos, que buscas estar en constante contacto con el agua sentís la libertad. Una palabra mal usada por muchos y bien aplicada por pocos; el vivir te enseña que cada acto y acción posee una decisión y si a esto le ponés una sonrisa tu energía es luz para que otros brillen.

El kitesurf me enseñó a tener nuevos amigos, a entenderme que por más que no lo practiquen todos, esos pocos te quieren hablar de lo que aprendieron, del truco mejor hecho y cómo proseguir para mejorar en el deporte. Vos decidís unirte a ellos, sociabilizarte con otros y compartir lo que amas. Eso es libertad, tomar decisiones y llevarlas a cabo como a vos te interesa, en mi caso con el kitesurf.

La palabra viene del latín, libertas, –ātis que significa capacidad de la conciencia para pensar y obrar según la propia voluntad. Interesante ¿no? Esta simple palabra me lleva a pensar de que también siendo fanáticos de un deporte somos reponsables para cuidar el medio ambiente, con esto podemos dar ejemplo de que si otros no lo cuidan vos y yo no podemos disfrutar de las costas, lagos y ríos. A esto lo llamo código y educación, así como existe en otros deportes, la vela te ofrece una mirada retrospectiva y hacia fuera de tu alma.

El kite te ayuda a contemplar y a respetar a quienes te rodean. Estando una vez en Necochea sentí el cuerpo que se me llenó de adrenalina al ver olas que para mi eran gigantes, para los locales medianas. Observé que en el agua había un grupo de surfers, todos buena onda. Varios se acercaron cuando inflé la vela y me hicieron varias preguntas, aproveché la situación y les pregunté en donde podía barrenar sin molestarlos. Este pequeño gesto me permitió meterme sin que me mirasen mal, de hecho varios me alentaban desde el agua al ver los palos que me pegaba. Muchas veces uno etiqueta de mal manera y hace pre juicios sobre gente que puede ser agresiva y la vida te demuestra todo al revés. Los surfistas me demostraron que son “grosos” y que si bien su imagen puede ser seria y de respeto gracias a ellos te podés salvar de miles, desde cómo entrar en el mar hasta en dónde no meterte. La rivalidad como siempre digo es algo de los monos que siguen en los árboles, la educación que brindan los grupos de fanáticos de cada deporte te termina como dije antes “dando miles de enseñanzas muy positivas”.

Mis hermanos me dicen que hago un deporte demasiado extremo, yo siempre les respondo que si uno aprende la seguridad y las técnicas es una práctica que nos da más fortaleza para evitar errores. Toda esta búsqueda que nació en mi desde que arranqué me llevó también a querer navegar en zonas donde nadie se mete. No por que sean peligrosas, sino porque por más egoísta suene, tenés todo para vos. Esto último hace que comulgues con la naturaleza y la aprecies; salvaje y sabia ella siempre intenta comunicarse con nosotros para mostrarse como un retrato perfecto y único e irrepetible.

El kite te hace gritar de felicidad, te hace sentir vivo, te hace agradecer que lo que experimentas es un “algo” maravilloso. Tu espíritu abre sus alas y quiere salir del cuerpo, como una entriopía que explota y que en el caos encuentra orden codificado y lingüístico. Una vez que te metes entendes el lenguaje y lo podés codear a tu gusto; de hecho este “core” reúne a gente que viene de diversas profesiones. Arquitectos, ingenieros, comunicadores, médicos, artistas, no importa que hagan para vivir la mezcla de conversaciones que se puede encontrar son realmente impresionantes, con puntos de vistas súper ricos que sólo se encuentran en terceros lugares.

¿Ven lo que la libertad nos provoca? Nos reúne porque sin la sociabilidad morimos y si como tribu urbana no existiésemos la sociedad tendría menos fisionados al agua. Somos parte del total, del porcentaje que nos identifica y que nos da mucho orgullo de formar parte. Este deporte híbrido, cuestionado, admirado provoca curiosidad y todo lo que trae sin necesidad es más de lo que uno piensa. Regala más de lo que uno piensa y por más que suene caro se puede abaratar si queremos aprenderlo con profesores certificados y acceder a equipos que por más que no estén nuevos se pueden aprovechar al 100%.

Denle una oportunidad y válgame la redundancia, sean luz para que otros brillen para que puedan conocerlo como vos lo hacés y de paso formar grupos con los que te podés divertir todos los fines de semana y vacaciones. ¿Te animás? El kitesurf te espera y está mucho más cerca de lo que vos pensas.

 

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