Una de las bandas de rock preferida de los surfistas está de vuelta, para Incubus no todo está perdido tal como lo explica Adrián Mazzeo en este review sobre su nuevo disco Trust Fall Side A (Island Records, 2015)

incubustrustfall

Luego de aquel bluf de 2011 llamado If Not Now, When?, Incubus parecían hundirse definitivamente en esa espiral descendiente inaugurada con Morning View, allá por 2001: sin querer decir que Morning View y los subsiguientes álbumes fueran precisamente malos, si existió una pendiente negativa aunque no muy pronunciada en su carrera. Pues llegó la hora, con este lado A de Trust Fall –en breve saldrá la segunda parte- de enderezar las naves, sortear la maldita pendiente y poder ver con simpatía a la palabra madurez. Este EP de cuatro canciones es adulto pero no meloso y agarrado/tacaño/temeroso como su último disco. Incubus se acercan cada vez más a formas clásicas del rock –por supuesto que acá ya no encontraremos slaps de bajo, voces rapeadas ni scratchs endemoniados- pero siempre lo hacen con clase. Los arreglos siguen siendo rebuscados, amarrados a buen puerto gracias a la buena cuota de virtuosismo que los cinco integrantes ostentan. “Trust Fall” (la canción) es un largo desarrollo climático –muy bien Einziger y sus arpegios que devienen en riffs matadores- que explota en un estribillo clásico de la banda: guitarra y bajo hermanados en distorsión abierta y voz en alto. El tracklist continúa con “Make Out Party” donde aquello de la madurez interesante toma su mejor forma en una canción de amor brutalmente distorsionada y ruidosa. “Absolution Calling” fue en febrero el primer adelanto de este EP y también manifestó el renacer de la esperanza en el quinteto californiano. Aquí una secuencia de sintetizador espacial hace de guía, un chorus que sorprende da lugar a la apertura que supone un puente instrumental tan psicodélico como delicioso. “Dance Like A Dumb” es quizá el experimento más dispar del mini álbum. Un rock n roll friki con interludio gospel, una clara cita derivada de la experiencia del cantante Brandon Boyd en los teatros de Broadway. Tres de cuatro es una marca magnífica para una banda que venía pegando los tiros afuera como borracho en kermese.

 

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