Entrevista con un surfista que emociona. Derek Rabelo es el surfista ciego de Brasil que mostró que su pasión no conoce de barreras y que no hay obstáculo que no pueda ser superado.

por Sofía Cash

Ver bajo el agua

Llegó al mundo con nombre de campeón. Ernesto Rabelo nombró a su hijo tras Derek Ho (el primer surfista hawaiano en obtener el título mundial), marcando su camino hacia el mar.

Derek nació con glaucoma congénito. Una enfermedad que le quitó la posibilidad de ver, una ceguera que no le impidió salir a la luz. Creció en Guaraparí, una ciudad al este de Brasil que toca el Atlántico, en el marco de una familia de surfistas. Cuando era chico, su padre le regaló su primera tabla de bodyboard, y de a poco Derek empezó a poner en jaque a las limitaciones, entrenando su cuerpo y alimentado su sueño; pararse en una tabla.

Fue ahí, en las olas del jardín de su casa, donde un día le dijo a su papá: “Voy a surfear Pipeline”

Y así fue, años más tarde Derek Rabelo, conquistó al gigante hawaiano.

“Quería surfear Pipe porque tengo un amigo que hablaba mucho sobre Pipeline. Es una ola soñada para los que nos gustan los tubos. Estuve entrenando en Brasil, con mi papá, donde tratamos de buscar olas grandes; más huecas y pesadas. También practiqué como mantener la respiración e hice mucho trabajo aeróbico en el gimnasio. Fue una combinación de trabajo mental, físico y espiritual. Esos días me metí al agua con Magno Pasos, un amigo mío que es bodyboarder profesional y me ayudó a lograrlo. Cuando corrí esa ola me sentí bendecido, en ese momento no podía creer mi propio poder, lo había logrado. Fui extremadamente feliz.”

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Él va y viene donde lo llaman amigos, eventos y las olas. Conocí a Derek a principios de este año en Coolangatta, en el torneo de Snapper Rocks.

Se mete al mar con su tabla… y escucha. Alguien le grita “izquierda” o “derecha”, y con esas mínimas indicaciones rema hasta subirse a la ola.

En su curriculum pueden encontrarse sesiones con Kelly Slater, Bethany Hamilton, Rob Machado y Tom Carrol entre otros grandes.

Cuando camina por las playas del evento, todos le dan la mano. Derek se volvió “famoso” por sus hazañas en los últimos años. En el 2010, un video casero en YouTube lo dio a conocer al mundo, y en 2014 llegó a la pantalla grande protagonizando “Beyond Sight” (“Más allá de la vista”), producida por los surfistas Bryan Jennings y Bruno Lemos. La película documenta su paso por Hawaii.

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Este surfista -hincha del Flamengo- habla pausado y poco. Parece enfocado, muy enfocado. Es sorprendente que a pesar de no haber tenido la vida fácil, no hay un rastro de queja en su discurso. Tiene claras cuáles son las dificultades, pero no habla de eso, prefiere agradecer y se considera afortunado.

“El Surfing es mi vida y es un regalo de Dios y la naturaleza que agradezco todos los días. Tengo mucha suerte: puedo vivir del surfing, y eso me ha llevado a lugares increíbles. Hice muchos amigos y aprendí tanto de la gente y las experiencias. No podría haber hecho nada sin el apoyo de mi familia y mis amigos, por eso siempre les agradezco. Ellos nunca dudaron de mí, hasta en los momentos en los que más me costó seguir. Especialmente mi papá, él es mi ejemplo. Me enseñó a nunca bajar los brazos.”

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Cada vez hay más programas en el mundo que proponen actividades para personas discapacitadas relacionadas al mar, a su poder de curar o mejorar la calidad de vida. La simple inmersión en el agua salada ya mejora la capacidad respiratoria, favorece la eliminación de toxinas, activa la circulación y fortalece los huesos. La explicación científica cuenta que el agua salada y el viento de mar son ricos en iones negativos, los cuales relajan y favorecen la producción de serotonina, un neurotransmisor cerebral cuya liberación produce sensación de bienestar. A menos de 100 metros del mar la cantidad de iones negativos que hay en el aire es de 50.000 por metro cúbico cuando en las ciudades no suele pasar de 50. Los estudios siguen demostrando lo que muchos sentimos: estar cerca del mar nos hace más felices.

“Mucha gente con discapacidades se pueden deprimir o aburrir porque piensan que ese tipo de actividades no son posibles para ellos. Los deportes adaptados hacen que estemos integrados, siendo parte de algo grande. Especialmente en deportes como el surfing o la natación, en los que la conexión con la naturaleza es tanta. Se encuentra un plus, algo distinto. Cuando entro al agua siento mucha adrenalina pero al mismo tiempo mucha paz. Ahí, en la inmensidad, me siento libre. Escucho al oceáno y lo siento. Cada parte de la ola hace un sonido distinto y me ayuda a darme cuenta cuando tomarla.”

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Su próxima meta será surfear Teahupo´o, en Tahití, una de las izquierdas más pesadas del mundo. Mientras tanto, divide sus días entre Sydney y Bali.

Cuando no surfea, es posible encontrarlo practicando skate dowhill, o deslizándose en la nieve con su tabla de snowboard.

Después de un rato de charla, no lo quiero retener más, hay olas. Le agradezco por su tiempo y el me regala unas últimas palabras, casi sonando como su mantra:

“Todos podemos lograr lo que nos proponemos, sea lo que sea. Lo único que nos frena, somos nosotros mismos. Si creemos en lo que queremos con pasión y determinación, podemos perseguir esos sueños.”

Esfuerzo, constancia, determinación y confianza. Este campeón sigue demostrando que cuando algo se busca con mucho trabajo, todo se puede conseguir dando; porque tanto las buenas olas como la buena vida, hay que salir a buscarlas y remar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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