Indonesia familiar

Por Sebastián Galindo

Mi última vez en indo fue en el año 2000. Pensar en volver 11 años después, pero ésta vez con toda la familia, Valeria (mi mujer) y con Sol y Lucía (mis dos hijas de 8 y 4 años) era un nuevo desafío. El viaje haciendo escalas en Sudáfrica y Malasia, previas paradas antes de arribar al aeropuerto de Denpasar, nos iba a llevar más de 24 horas de vuelo. Superada la paliza del avión y la fiebre de Lucía en casi todo el vuelo, finalmente habíamos logrado llegar a suelo de Indonesia.
El fogonazo caliente que recibís ni bien tocás el aeropuerto es la más contundente prueba de arribo al paraíso. La emoción familiar no para…
uno de los recaudos que tomamos antes de viajar, fue conseguir una casa donde vivir durante nuestra estadía, algo que en otro momento no me hubiera preocupado acostumbrado a hacer camino al andar y amoldarme a la situación que encontrara en el camino, con toda la familia eso es diferente, lo cual te obliga a organizarte y ser más previsor.
Nuestro anfitrión ” el gran marroke” hombre de mundo, experto conocedor de todos los rincones de indo, fue quien nos recibió y nos dio lugar en su “casa”. Ya montados sobre su defender del año sesenta pero tuneada para aguantar cualquier cosa, pudimos observar los grandes cambios que se habían producido en la isla. Miles de nuevas construcciones y miles de personas más ocupando las rutas.
Aprovechar los consejos de marroke y hacer base en su casa, en la península de Bukit a pocos metros de mi playa preferida, fue uno de los secretos del éxito de nuestro viaje.
La isla de Bali ha cambiado tanto en los últimos años, que se hace muy difícil pensar en vivir en Kuta, el centro comercial de la isla, para viajar todos a las playas de olas. Ese trayecto que antes se hacía en moto en 20 minutos, ahora con el crecimiento de la población y del turismo, te puede llevar dos horas…
Nuestra rutina de playa en familia arrancaba antes del mediodía, luego de mis sesiones de surf de la mañana. Desde la cueva de ulu hasta fin de la bahía de Balangan encontrás algunas de la mejores playas del mundo, suficiente para vivir ratos cerca del mar inolvidables. Con la bajada de la marea hacia la tarde, el cielo se transformaba a los mil tonos naranjas y magentas. Inolvidable.
La isla siempre enseña y devuelve, basta con rescatar algunas de las sesiones de surf, para comprender el privilegio de poder disfrutar surfear olas perfectas… en Padang quedo hipnotizado.
La alegría es completa, el regresar a la orilla y compartir con la familia la mejor parte del día.
Buena comida, mucha playa, mucho surf, algo de turismo aventura, 100% compartir en familia. El objetivo estaba cumplido.
Algunas semanas después y algunos kilos menos, era hora de volver…
sin la energía que uno renueva en esos viajes, el día entero volando más las escalas, más Ezeiza, más Bs As, Mar del Plata, hubieran sido insoportables, sin embargo nada de eso ocurrió.
Doy gracias por haberlo hecho posible. Espero que se repita.

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presentado por aeropuertos argentina 2000

Fotos desde el agua:  Diiogo Dórey

 

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