Objeto de culto.

E-¿Cómo nace la pasión por esta colección de tablas?

W-Amo el rock y el skate, son mis primeras dos novias. A través del skate, que fue mi primer amor, conozco al rock, por medio de las revistas californianas de skate de los 80s que venían acá me llegaron bandas de new wave, punk y rock. Estoy agradecido porque una novia me presentó a la otra.                                                                                                                                      En un momento se mezclaron las dos vidas, yo era skater full time, andaba las 24 hs del día durante finales de los 80s hasta que empiezo a ejercer el rock, me compro mi propia viola y formo una banda llamada Massacre Palestina en el año 87. Allí se mezclan las dos vidas y durante un tiempo pude conjugar esas dos vidas. En esa época vivía durante el día el skateboarding y durante la noche la música, shows, ensayos, ir a ver bandas. Hasta que de repente por una cuestión de edad, física, mental comencé a dedicarme más full time al rock que al skate, en cuanto a practica se refiere. Allí empieza el tema de lo documental, la colección, la memorabilia y menos el tema de andar, de andar bien como cuando era pibe, entonces le puse al skate lo pasional, cultural.

Aclara Emi – También lo emocional, porque estás tablas son recuerdos y memorias.

L- ¿Está bien la definición objeto de culto para tu relación con las tablas o cómo la definirías?

W-Para mi es una pasión, una tabla es un objeto, para otros será un pedazo de manera. Me gusta estudiar, analizar las tablas, les busco su lado sociológico. Porque tiene fabricación canadiense, porque esta hecha de maple, porque en el 84 a una tabla le metieron fibra de vidrio, si es funcional o es moda, hasta donde Hossoi le metía a la tabla la cola con forma de fish y era funcional a las pruebas que hacia él y hasta donde era tendencia.

E – En esa época mirando el shape podías saber de que persona era cada tabla, ahora hay cierta uniformidad, la diferencia se encuentra más en lo que se plasma en la tabla que en el soporte.

W-Hoy día el skate es una cuestión mucho más técnica, lo que contribuye a cierta homogeneidad. El skate moderno es una cosa y el skate de los 80 está más cercano a su hermano mayor el surf,  el skate moderno ya no tiene relación con la fuerza centrifuga del surf, tiene impulso propio.

L-¿De qué manera empezaste con el museo?

W-Cuando se empiezan a uniformar las tablas de skate, hace aproximadamente 10 años, empecé a valorizar las formas, los shaves. El mundo del skate antes era minoritario, había pocas marcas y cada marca tenía un team de skate que eran 4 o 5 pibes, entonces conocías a los skaters de todo el mundo. Cuando digo todo el mundo me refiero a Estados unidos, California. Los pro que nosotros admirábamos en ese momento eran 50 tipos. En cambio ahora hay máquinas en todos los lugares del mundo, podes admirar a millones.

Como a través del rock tengo cierta popularidad o reconocimiento muchos pibes me traen skates…  se interrumpe  la nota

Wallas sale corriendo le avisan que un pibe tiene una caballero…

Al volver…  W-Ahí viste en vivo la pasión por el skate, fui le hablé y le dije hola ¿como andas?, Que linda che, ¿La vendes? No, me dijo re convencido,  encima le miró la remera y decía Massacre Palestina-    Carcajada general…

Hay una costumbre muy linda, que en todas las entrevistas que doy por el rock convoco a los pibes que quieran donar, tranzar o vender alguna tabla a que se comuniquen conmigo a través de la página de Massacre. Lo que tiene de bueno es que se dan situaciones hermosas, vienen chabones que me quieren vender carísimo y después viene otros con la misma tabla y te lo regalan.

Pibes que me tiran tablas al escenario….

L-Por lo general se tiran corpiños y bombachas…..Risas

W-No a mí me tiran maple hecho mierda y yo agradezco el ritual

L- Podés elegir cinco tablas.

W-Es una pregunta que me hago siempre, si se están incendiando todas las tablas

Entra Pitú López (rider pro), y los muchachos lo gozan porque tiene puesta una remera media flogger y Wallas dice-  Después me carga por mis relojes modernos…

W-En relación a lo emocional el skate que más quiero es el primero que tuve, mi viejo era músico, tocaba el violin y viajaba por todos lados, en uno de sus viajes le pedí que me trajera un skate, el original lo destruí, pero el diseñador de Massacre tenía el mismo modelo, rarísimo, con un solo ruleman, bastante silencioso y rápido para la época, amo las tablas que use yo.

A nivel documental adoro la tabla que uso Tony Alba en el periodo entre que dejo de ser un  z boy y que corrió para su propia marca que era alba. También tengo la de Rooskop que conseguí en la primera demo internacional que hubo en la Argentina.

Fijaté en varias tablas que tengo que están detonadas, se usaban hasta que no podían más. Ahora nos acercamos más a los estándares de los yanquis que las utilizan un tiempo y después las cambian.

Me siento muy orgulloso en relación al museo, porque esta es toda una cultura californiana y hacerlo en Latinoamérica, digamos que me busqué el hobby más difícil. No es que vivo en Bs As y me dedico a hacer memorabilia de futbol, boxeo o automovilismo. No hay cultura Californiana

E- Yo a veces pienso que nosotros crecimos acá con los ojos puestos en hungtinton beach, hay cierta dualidad en eso.

W-Al gueto nuestro de los skaters nos dio una especie de esquizofrenia, por un lado nos salvo la vida, por otro lado nos frustra darnos cuenta que no estamos a la altura de ciertos estándares, podríamos habernos dedicado a ser fans de los más cercano, en algún punto somos de culto.

L-Gracias Wallas, si puedo desgravar la entrevista por ahí te traigo el grabador para el museo.

Texto: Leo Mezzera y Emi  Fredes

 

 

 

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