Pablo Fontes presenta OLD SKULL en LOPH Galery. Una muestra que nos propone una recorrida por la obra de este gran artista, desde sus comienzos hasta sus trabajos más recientes.

¿Qué te llevó a hacer esta serie de pinturas vinculadas a olas gigantes?

PF: La tradición, la búsqueda de las fuentes. Como skater, reconozco que el surf, es el padre de los deportes de tabla, nunca perdí la sensación al ir con mi tabla por la calle, “de que voy surfeando”. En los 80s eso era algo habitual en todos, luego el skate tomó cierta personalidad que lo desprende de esa raíz.

¿Cuál pasión llegó primero, la tabla o el pincel?

PF: Mi relación con la pintura es inclusive anterior al skate, desde los cuatro años voy a talleres y estudié en la escuela de bellas artes. Igualmente mi técnica nada tiene que ver con lo que puedan enseñar en una escuela tradicional.

¿Dónde están las influencias principales de tu obra?

PF: En la filosofía y en el arte conceptual, el situacionismo fundamentalmente. La pintura es la creación de una realidad en si desde una óptica completamente subjetiva. Hoy el skate en el mundo entero es una disciplina en crecimiento constante y con un lugar que se ha ganado en la lucha contra el confort. De golpe los skaters somos actores y podemos montar un espectáculo en una esquina, una plaza, una escalera o donde sea, a eso se dedicaban los situacionistas, a intervenir el paisaje urbano.

Fuiste relatando de qué manera se construyó tu relación con la pintura y la carrera de artista. Contame como fue con el skate.

PF: Desde que mi abuela me regaló mi primera patineta americana. Al principio andaba con mi hermano, nos gustaba hacer downhills, y cuando vi un skate grande me volvieron a dar ganas de andar, junté el dinero y empecé.

Comencé a andar en el 86, solo. Hasta que un día me encontré con los chicos de Saavedra entre los que estaba Martín Pibotto, Demecial y Perro Loco. Éramos skaters de Saavedra, en una época de guerra, estaba todo mal con las otras tribus como los stones, por ejemplo. La bronca venía de ellos a nosotros, había un odio a lo americano, pero el skate es la contracultura americana. Hay grandes empresas, pero hay un espíritu en el skate que tiene que ver con el ritual de la cultura polinesia, el ritual a los dioses del mar es casi una de las pocas tradiciones nativas que sobrevivió a la colonización de las islas del pacífico, con las fuerzas del universo más que con el negocio. El comercio siempre está, hay marcas y marcas y también hay riders y riders.

¿De qué manera lo ubicas al skate como contracultura americana?

PF: Cuando aparecieron unos nenes con sus patinetas en medio de la autopista repleta de autos, podés apreciar que se trataba de la contracara del confort, la oposición al famoso sueño americano. En el skate subsiste esa idea libertaria, en mis cuadros trato de reflejar lo que te hacen sentir determinadas pruebas: casi como entrar a otra dimensión.

Hacés cuadros relacionados al skate, andas en skate desde muy chico e inclusive contás con una visión bien desarrollada de lo que el skate significó y significa socialmente. ¿Por qué te apartaste en un momento de tu vida?

PF: Dejé a principios de los 90s porque tenía los tobillos liquidados y me asustaron los kinesiólogos, la pasaba mal, vivía roto, con los ligamentos out. También es cierto que en los 90s el skate incorporó el estilo de Freestyle con las pruebas de piso, y a mí me gustaban más los ollies, los obstáculos, los wallrides, las escaleras.

 

 

 

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