Punk Hardcore con ética Do It Yourself

La ética Do It Yourself caló súper hondo en la escena Punk Hardcore durante los años que precedieron a la explosión del Punk Rock de 1977. La impronta por la autodeterminación dejaba de ser una pose para formar parte de una esencia.

Por: Adriano Mazzeo

Energía Punk, Fugazi en vivo.

Energía Punk, Fugazi en vivo.

La difusión musical de las bandas de esta tendencia se basaba en la auto producción de demos-generalmente en cassette con arte de tapa artesanal- y de conciertos, usualmente realizados en casas de gente comprometida e involucrada con esta filosofía.

En este contexto es que crecieron y se hicieron grandes bandas que moldearon el actual sonido punk.

Posiblemente la banda insignia de este movimiento sean los brillantes Fugazi; ni más ni menos que el combo padre del post hardcore. El sonido de Fugazi se asienta en una fuerte base percusiva con guitarras de tinte atmosférico y un voces determinantes y agresivas, quizá su elemento más difícil de digerir. Sus riffs influidos por el prog rock setentero y sus bases inspiradas en el funk o el reggae, eran maravillosas muestras de fusión estilística aunque no estaban del todo bien vistas en la comunidad punk.

Pero, más allá de su estilo abre-cabezas, es interesante admirar todo lo que en Fugazi no era estrictamente musical.

Basándose en ciertos principios de la simple living, Fugazi minimizaba elementos a la hora de encarar un tour de hacerlo lo más sencillo y básico posible. Por ejemplo, llevar merchandise para vender en los shows –en muchos casos el ingreso más importante de un grupo- requeriría llevar una persona encargada de esto, pagarle sus viáticos, montar un stand, etc. ¿Qué hacía Fugazi? Simplemente no vendía merchandise.

También cumplían a rajatabla con el compromiso de vender las entradas al mínimo precio posible antes de comenzar a perder dinero por la organización de los shows, algo más que una declaración de principios. De la misma manera, todos sus conciertos eran aptos para todo público y sus discos salían por su propio sello.

En su momento de mayor esplendor, cuando todos los medios especializados hablaban de ellos, desde fanzines independientes a revistas como la Rolling Stone o la Spin, y muchos respetables rock stars -Eddie Vedder, Kurt Cobain, Flea, Michael Stipe- se jactaban de ser sus fans, Fugazi fueron tentados infinidad de veces por multinacionales que ofrecían jugosos contratos; decía el cantante Ian MacKaye “no tenemos tiempo para los ejecutivos de los grandes sellos porque ellos no tienen tiempo para nosotros. No hay nada que puedan ofrecer que merezca la pérdida del control de nuestra propia música”.

Otro aspecto tan curioso como admirable era la lucha que emprendían para reducir la violencia en sus conciertos: el pogo dancing, mosh o slam -la violenta “coreografía punk” popularizada en los finales de los 70s y tan popular hasta estos días- estaban terminantemente prohibidos. “Tocamos música eléctrica a gran volumen. Aunque eso no debería permitir a la gente actuar como estúpidos” sentenciaba MacKaye ¿Sarcástico o lógico? Civilizado y ejemplar, diríamos.

 

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