Intro

Desde chico uno siempre sueña con viajar, dibujamos en nuestra mente con crayones imaginarios, montañas, playas, ciudades, ese anhelo que acarrea persona tras persona de generación en generación, simplemente darle la vuelta al mundo. Generalmente los sitios más atractivos son los que se relacionan con los intereses propios. En mí caso la fascinación se viste de montaña. De acuerdo a este deseo se efectúa una lista de lugares donde surfear antes de morirnos; entre ellos se encuentran los Andes (donde tenemos la suerte de vivir), Los Alpes, Alaska y Japón.

Algunos de estos son destinos tan lejanos que parecen siempre escaparse de nuestra realidad, pero no se pierde la esperanza a pesar de ello. La vida es engañosa porque parecemos movernos siempre en lugares predecibles, en líneas rectas y de repente sucede algo y cambia drásticamente todo de un día para el otro y no sabés exactamente como te encontrás a vos mismo planeando un viaje al lugar más lejos del mapa, un lugar donde la cultura, el idioma, la comida y hasta la nieve y el lado en que se conducen los coches es totalmente diferente. Esa es la suerte que nos tocó a nosotros cuando conocimos a Nori Akashi de JNTO, y pudimos tachar de nuestra listita uno de nuestros sueños, ¡Japón! 

 

El 23 de enero de un recién comenzado 2011, nos embarcamos en una nave con antojos color nieve hacia el lejano, exótico y bello Japón.

La nave snowboarder tenía los siguientes exploradores de montañas extrañas; Fran Massaguer (rider español), Iker Fernández (rider español), Marc Salas (rider español), Antxon Epelde (fotografo español), Fer Natalucci (rider argentino) y yo Gregorio Campi (cámara argentino, integrante de Bad Quality Production, BQP). Para algún desprevenido el número de españoles que integraban este vuelo indicaba de alguna forma el origen de nuestra partida. En tierras japonesas el lenguaje en común no sería solo el castellano, también y fundamentalmente sería el snowboard y las ganas de no dejar rincones sin deslizarnos.

Partimos desde la cultural, artística y skateboarder Barcelona.

Tras aproximadamente unas 20 horas de viaje, haciendo escala en Londres y Tokio, finalmente llegamos a Sapporo, donde nos esperaban con una trafic para ir a Niseko.

Niseko

Un poco de orientación geográfica ya es necesario a esta altura del relato; Niseko queda en la isla del norte de Japón, en la zona de Hokkaido. Es uno de los lugares donde más nieva en el mundo, un punto de atracción para cualquier amante de los deportes de nieve.

Allí en Niseko nos recibió Tomokasu Aoki, jefe de Niseko Promotion Board, él fue quien se encargó de llevarnos a  Annapuri Village, un complejo de cabañas internadas en el medio del bosque. En esas cabañas reinaba la tranquilidad y el aire puro, era imposible sentirse más cómodos.

Llegar tras tan largo viaje y una vez asentados embebidos en la calma del bosque, fueron la combinación perfecta para descansar como corresponde, recargar energías y que la acción comience finalmente. El viaje ya había empezado y lo mejor estaba por venir.

Ojos bien despiertos, un nuevo día comienza, el alma regocijándose por vivir esta experiencia de vida. Tiempo de conocer a  Claiton nuestro guía de montaña, un canadiense que hacia 10 años que vivía en Niseko. Hay que sacarse el sombrero con Claiton, un excelente guía, él  supo mostrarnos los mejores lugares de la montaña, esos a los que el grueso de los turistas no concurre.

Niseko no es una montaña súper empinada, compensa ello con muchísima nieve virgen donde dejar el surco de nuestra herramienta.

El clima suele ser nublado y nevando los dos primeros días estuvimos filmando dentro de los bosques, donde a veces nos encontrábamos con aguas termales mientras veníamos surfeando.

Uno de los días salió el sol, y nadie podía creer lo que estaba pasando, nosotros nos pusimos mal porque dejó de nevar, pero los locales estaban felices y era entendible, nos comentaron que hacía dos meses que no veían el sol y que la nieve no dejaba de caer. No hay mal que por bien no venga y encontramos unas bajadas muy buenas que con nieve habría sido imposible filmarlas.

Lo bueno pasa rápido y de esa forma llegamos a el último día en Annapuri Village, cuando volvíamos de andar en nuestra casa  nos estaban esperando dos chicas que trabajaban para el complejo con una comida deliciosa. Lo extraño de la secuencia fue que vinieron a nuestra casa y se pusieron a cocinar sin dejarnos que hagamos nada. Así que obligados, pero sin quejarnos nos sentamos a esperar la comida. Fueron apareciendo varios platos, pulpo, salmón (el plato principal se llamaba CHAN CHAN) y varias comidas típicas de Japón. Para una acción semejante no hay palabras que alcancen para agradecerles su hospitalidad.

Nos fuimos a otro hotel, el NISEKO LANDMARK VIEW, ya hacia varios días que estábamos filmando en los bosques así que nuestro último día decidimos conocer un poco el lugar y marchamos hacia OTARU, un pueblito que quedaba cerca de Niseko pero con costa al mar. Por una casualidad afortunada teníamos las tablas en el auto porque cuando llegamos nos dimos cuenta que había nieve por todos lados y decidimos hacer un salto junto al mar. Cuando volvimos al hotel después de hacer el salto junto al mar, todavía teníamos ganas de hacer snowboard y nos encontramos con que Niseko también tiene ski nocturno. Información valiosa porque  el ski nocturno de Niseko fue el mejor que hicimos, la pista estaba iluminada perfectamente y la nieve estaba superlativa, como hace mucho frío en Niseko la nieve se conserva perfectamente y al no parar de nevar hasta en las pistas pisadas da gusto andar.

Después de tantos días de snowboard y de disfrutarlos al máximo, AOKI nos invitó a un bar a probar SAKE, y fue el mejor cierre que podíamos tener para nuestra primera parada en Japón.

Shiga Kogen

De Niseko volvimos a Sapporo, donde nos tomamos otro avión a Tokio y de ahí nos llevaron en una Trafic a Shiga Kogen. El lugar era una postal en blanco, no paraba de nevar de tal manera que luego de un rato aún nos encontrábamos incrédulos habíamos viajado bastante y estábamos cerca de Tokio, y no nos esperábamos esa cantidad de nieve.

En Shiga Kogen nos recibieron James Mutter (un canadiense) y Hiroyuki Nishikawa, del Prince Hotel. Era un hotel gigante, con muchísimas habitaciones  y dentro del hotel había unas termas, todos los hoteles tienen baños termales, y aclaramos para alguna mente ilusionada que no son mixtos.

Luego de usar el primer día para acomodarnos conocimos a Okumo Yoshiki (su empresa se llamaba Field Management) el junto con su ayudante, iban a ser nuestros guías de montaña.  Cuando lo conocimos sacó un planito con relieve y nos mostró donde podíamos ir a buscar la mejor nieve, también nos recomendó  que saliéramos a la montaña con raquetas de nieve, nosotros al principio nos rehusamos un poco porque lo veíamos medio incómodo pero luego cuando subimos a la montaña nos dimos cuenta que era imposible caminar por tanta nieve virgen sin raquetas, es así el que sabe sabe y, Okumo tenía razón.

Subimos al centro de esquí, y cuando llegamos a la zona donde debíamos caminar, todos teníamos las raquetas de nieve en la mochila, y nadie quería ponérselas pero hicimos dos pasos sobre la nieve virgen y no pudimos caminar más, nuestros guías se reían porque en un principio no las queríamos llevar.

La nieve era la mejor que surfeamos en nuestra vida, nuevamente una montaña no  muy empinada pero no parábamos de hundirnos, un gran día de snowboard. Cuando terminó la jornada, y haciendo un racconto de nuestras expectativas iniciales en relación a Shiga Kogen, debimos reconocer que era un lugar del que no esperábamos mucho y no dejó de sorprendernos, como muchas veces ocurre en distintas situaciones de la vida.

Caía la noche, un nuevo amanecer, despertar en Shiga Kogen. Nishikawa y James, nos invitaron a conocer el Snow Monkey Tour, tanto cansancio debido a tanto viaje, nos hizo aceptar la invitación sin chistar.

Caminamos unos treinta minutos por el bosque y llegamos a unos baños termales invadidos por los monos, nos contaron que hace muchos años construyeron unos baños termales y cuando los terminaron los monos se instalaron ahí, y se dieron cuenta que era una gran atracción turística.

Son varias piletas donde los monos se la pasan todo el día, estos son alimentados por los cuidadores. Las adorables criaturas ya están muy acostumbradas a las personas así que no se inmutaron ante nuestra presencia. Tan acostumbrados y faltos de temor se hallaban que hasta se podía tocarlos, lo único que nos dijeron es que guardemos todo tipo de comida y  bebida porque te la roban de las manos. Una verdadera rareza fue ese lugar, exótica mezcla de baños termales, zoológico y monos nipones ladrones.

Nuevamente apareció la noche, se escondió la luna, llegó el alba.

Yoshiki, nos llevó con una Ratrax (máquina Roza), a conocer una montaña, subimos todos hasta la cumbre, allí también hicimos unas cuantas bajadas de paquete y estuvo fabuloso. Shiga Kogen, lugar de polvo de estrellas, nos abocamos a eso y eso disfrutamos.

La última noche la pasamos junto a Nishikawa y James un lugar de comida típica de Japón, era un sitio pequeño en el nos teníamos que sentar en el piso, todos hablaban japonés y poco inglés así que no pudimos comunicarnos mucho, Nishikawa se encargó de hacer el pedido, y nos abandonos a su criterio y a la fortuna, sin tener la certeza de que era lo que íbamos a comer. Entonces empezaron a traer platos de comida, sushi, sashimi y todo tipo de pescados hasta nos dieron caballo crudo, también tuvimos la suerte de brindar con Nishikawa y James con sake, pero esta vez servido en unos vasos de madera cuadrados. Otro buen final para otro lugar inolvidable de Japón.

Hakuba

De Shiga Kogen fuimos para Hakuba, pero antes pasamos por Nagano, que fue donde se hicieron las olimpiadas de invierno en 1998, uno de nuestros riders era Iker Fernández, quien participó en las olimpiadas representando a España.

Luego de esa parada obligada, al fin Hakuba, no podíamos creer las montañas con las que nos habíamos encontrado, parecían los Alpes o los Andes, a diferencia de Niseka y Shiga Kogen estas montañas eran muy empinadas y con unas bajadas parecidas a lo que serían autopistas para snowboarders. Por nuestra experiencia anterior imaginamos que en Japón no había este tipo de montañas,  solo habíamos disfrutado de montañas planas con mucha nieve, Hakuba era otra historia completamente diferente.

Nos recibieron en el hotel Tokiu Hotel, tuvimos la suerte de que estaba Verónica, una española que trabajaba en el hotel, que nos supo traducir todas nuestras expresiones de necesidad.

El primer día nos encontramos con Dave, el iba a ser nuestro guía en la montaña, Dave es un canadiense que vivía hace muchos años en Japón, un rastafari con una personalidad muy especial, a diferencia de los japoneses nuestro guía en Hokuba no seguía ninguna regla.

El primer día fuimos a hacer unas bajadas de freeride, y en el camino nos encontramos con un tipo que tocaba una guitarra japonesa o algo así, y después caminamos un poco ehicimos unas bajadas que terminaban en un río junto a una represa. La calidad de la nieve ya no era como la de los otros lugares, no había polvo pero las condiciones eran buenas para hacer freeride.

Los dos días siguientes ya la calidad de la nieve había empeorado un poco, así que decidimos buscar algo de street, por suerte en nuestro team estaban Marc y Fran que son riders que disfrutan el skate y el snowboard en la calle, entonces buscamos un rail con caída en un plano inclinado y un wallride muy bueno, donde por suerte salieron unas buenas imágenes.

La última noche como en cada lugar, tuvimos la suerte de que nos invitaron a cenar, y como no podía ser de otra manera nos sirvieron todo tipo de pescados y comida japonesa.

Nos despedimos de Japón, y tachamos ese punto en la lista de sueños que era conocer y surfear sus montañas. Como lo vivido superó lo soñado se agregó uno nuevo. Volver.

 

 

 

 

 

 

 

 

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