Existe un surf de olas inmensas en playas paradisíacas  un surf de surfistas/modelos que consumimos como casi cualquier otro producto de la publicidad, pero también hay un surf que se acerca a la verdadera esencia de ese impulso irracional y completamente pasional que nos lleva a deslizarnos en las olas. Hay spots que nos recuerdan por qué surfeamos.

La diferencia entre ficción y realidad en numerosas ocasiones es muy fina, y más en este mundo del surf cada vez más globalizado. Se adoptan géneros de vida de películas o videos con olas paradisíacas  riders pro rompiéndola en playas lejanas, apadrinados por un barco que los documenta y espera con una suculenta comida terminada la sesión.
Eso sería parte de una ficción, muy motivadora por cierto, como lejana para muchos de los que nacimos en lugares con olas esporádicas, veranos cortos, poco respaldo oficial del deporte y a fin de cuentas con una sola realidad…”la verdadera esencia del surfista”.

Hablar de latitudes, de spots, secret spots y demás rincones donde existen olas ya casi es un asunto cerrado. Hoy la tecnología ocupó gran parte de ese lugar, no digo que violó el espíritu de búsqueda, pero si una importante pieza de esa ilusión. La evolución no siempre es sabrosa, si bien nos facilita y desarrolla, por otro lado a menudo nos cuenta que “los reyes no son quienes nosotros pensábamos”.
Ahora bien, queda un asunto que si es sabroso, que nos permite adentrarnos en nuestra querida costa argentina y todo lo que se gesta gracias a las olas y al meollo donde queremos llegar en esta nueva sección de “spots”.
Donde hay agua hay vida y por consecuencia donde hay olas existe una cultura muy especial y diferente, y es la cultura del surf.
La región de Necochea /Quequen, si tendría que definirla en una sola palabra, elegiría genuina. Creo que es un lugar que no  relegó ningún paso, todo lo que brotó en esta parte de la costa hasta hoy y lo sigue haciendo fue muy paulatino. Quedada o no en su desarrollo competitivo y estructural si se quiere, va a paso lento pero firme.
Cuenta con una flamante asociación de surf, formada más artesanalmente que formalmente en el buen sentido de la palabra. Con la experiencia y unión de surfistas que volvieron a apostar en una asociación local y trabajan con mucho esmero y humanidad apuntando sobre todo a los niños.

El Bodyboard también cumple un papel fuerte, consta con su asociación y destacados deportistas que han surgido en estos últimos tiempos. Son de los primeros en ver en el agua un día de olas, y tienen un gran nivel.
A diferencia de otros points de la costa argentina, nuestra región cambia cantidad por calidad. No son muchos los lugares donde rompen olas, pero cuando entran los buenos swells, siempre hay uno de turno donde ir, pudiendo elegir el mejor destino en cuanto al crown y característica de la ola.
En el caso de la escollera sur, está definida como una de las mejores por no decir la mejor izquierda argentina, describirla con palabras no es fácil, es un lugar donde habitan sentimientos, y normalmente nos deja sin palabras cuando la vemos funcionando en su máximo esplendor. Creo que es un tesoro que tenemos y el tapete donde se empezó a escribir una gran parte de la historia del surf nacional.

La diferencia entre ficción y realidad en numerosas ocasiones es muy fina, y más en este mundo del surf cada vez más globalizado. Se adoptan géneros de vida de películas o videos con olas paradisíacas  riders pro rompiéndola en playas lejanas, apadrinados por un barco que los documenta y espera con una suculenta comida terminada la sesión.
Eso sería parte de una ficción, muy motivadora por cierto, como lejana para muchos de los que nacimos en lugares con olas esporádicas, veranos cortos, poco respaldo oficial del deporte y a fin de cuentas con una sola realidad…”la verdadera esencia del surfista”.

 

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