TITO EL NAVEGANTE

 

En la ribera de Quilmes, en los adentros de un barrio carenciado hay un portal a un sitio extraordinario. “La fortaleza” como su creador la llama es el refugio ante un mundo con poco mambo, carente de imaginación y transitado por seres humanos alienados que no entendieron que ellos pueden ser los propios creadores de su planeta.

Tito Ingenieri, vive en una casa que él mismo construyó durante 20 años, y que todavía continúa en construcción. Se trata de una inmensa obra de arte realizada con amor y esfuerzo a cargo de “un obrero del arte” como él mismo se define. No es una casa común, está hecha a base de 6 millones de botellas de vidrio; este número fue constatado por la gente del libro Guinnes y sirvió para hacer las cuentas y llegar al promedio de botellas pegadas por día durante los últimos 20 años. 800 botellas por día aproximadamente dan las cuentas de la calculadora. La casa compuesta por cemento, arena y botellas cuenta como parte de este universo fantástico  con puertas de hierro para ingresar a los distintos espacios; estas puertas fueron soldadas por Tito y en ellas también aplicó su aparentemente inagotable imaginación. Todo en la casa, desde el baño a la habitación, el living y las puertas son pedazos de arte. Es hermoso ver como se filtran los rayos del sol a través de esas botellas de distintos colores y tamaños,  así como también con oído atento escuchar  soplar al viento que parece traer el río hasta las casas de este barrio de Quilmes.

Ubicada en un barrio donde la gente vive en condiciones paupérrimas, con cazas de chapa, muchas veces mal armadas. El deseo de Tito no es ser la vedette de la casa de botellas, anhela que este sea un modelo a imitar y que inclusive sea superado. Desliza con voz de ilusión lo grato que sería que en ésta pobre zona del Gran Buenos Aires todas sean casas de botellas de vidrio y que la gente viva en mejores condiciones en general.

El espíritu solidario de Tito se ha manifestado en cuanta oportunidad haya tenido para ayudar a un amigo a través de sus obras. Nos cuenta que no le interesa la política, ni los EEUU, ni Cuba. Una vez en la embajada del país donde el Che Guevara se transformó en símbolo de la revolución le pidieron hacer un mural y Tito les dijo que no le interesaba. Justo en esos tiempos uno de sus amigos estaba vendiendo su casa para poder viajar a Cuba y operar a su hijo de un virus que lo estaba dejando ciego. Finalmente Tito canjeó su obra para que su amigo pudiera viajar y llevar a cabo la operación. Así es este “obrero del arte”,  regala obras a colegios, y le cobra 30.000 pesos a la policía; Tito parece tener un gran sentido de la justicia y ajusticia con sus obras; esos hermosos caballos de hierro montados por jinetes con lanzas pueden verse en distintos lugares de la ciudad de Quilmes y en el patio de su casa de botellas, donde dan la bienvenida a quien desee atravesar un camino a un universo paralelo a eso llamado “realidad”

Anécdotas y vivencias

Hace algunos años Carlos Martínez y Alcides Chiesa decidieron dirigir y producir un documental sobre Tito Ingenieri, denominado “Tito El Navegante”. La historia de Tito está plagada de historias y vivencias que merecían ser documentadas, el documental es el resultado de dos años de trabajo en el que este “obrero del arte” debió revisitar su historia personal, viajando a lugares de su pasado e inclusive haciendo frente a fantasmas personales. Una buena manera de entender una vida tan particular como la de “el navegante”  es escuchar anécdotas y vivencias que él mismo decidió contarnos

La casa del árbol, el cuadro lisérgico de Jimmy Hendrix y la tortura policial.

“A los 15 años le dije a mi vieja que me quería ir de casa, entonces construí una casa en un árbol ubicado en un terreno baldío. Un día pasaron por ahí tres señores que se quisieron sacar una foto conmigo. Resultó ser que eran tres ladrones que buscaba la policía. Cuando la cana allano su casa encontraron la foto conmigo. Entonces la policía me fue a buscar y me dieron una paliza tremenda; para colmo yo tenía un cuadro de Jimmy Hendrix bañado en acido lisérgico del cual muchas veces me tomaba algunos pedazitos, pero no se dieron cuenta. Me llevaron a la comisaría y tenía un acido entero en uno de mis anillos; y entre tanta tortura y paliza pensé en tomármelo y realizar un viaje. Me lo tomé y el viaje duró un día; me pegaban y no paraba de reírme; entonces me preguntaban ¿Qué te tomaste pelotudo?”

El borda

“Estuve ocho años internado en el borda, donde me diagnosticaron  esquizofrenia. En esos tiempos se aplacaba a los pacientes con electroshock. Me acuerdo que te dejaba dormido dos días y te levantabas con un dolor de cabeza que duraba una semana. Empecé a ver que a mis amigos ahí dentro comenzaban a aplicarles lobotomías; desaparecían durante días y volvían hecho zombies. No quería terminar así, así que le dije a mi hermano que me venga a visitar y me escapé; lo tuvieron durante horas porque se había quedado en mi lugar y después lo soltaron. Estuve dos años refugiado en la casa de mi mamá. Lo bueno de esta historia es que muchísimo tiempo después volví al borda para dar talleres donde enseñaba a soldar a los pacientes ahí dentro y realizamos una muestra donde asistieron familiares y el personal médico”

Tito y el día de su casamiento

“Estuve de novio con Irma durante mucho tiempo y ella insistía con casarnos porque me decía que a quién le iban a quedar mis esculturas y la casa de botellas cuando yo me muera. Un día me cansé y le dije que nos casábamos. Me puse un traje y una galera enorme y saqué los anillos, que eran un sarcófago con una foto mía dentro. La jueza de paz me dijo que no podía casarme con esos anillos y yo le dije; si vamos a hacer payasadas hagámoslas bien”

Un día con Tito Ingenieri x Luchi Cristóbal (Skater Pro)

Estuvo muy bueno haber conocido a Tito y su obra, tuvimos horas de charla y pasaron volando entre historias. Todavía tengo fotos sin editar de su increíble casa, hecha mayormente de botellas, ese día, llevé 3 cámaras distintas y cada rincón tenía algo que valía la pena un click.

Me dio la impresión que es una persona que no se guarda nada a la hora de enseñar lo que sabe, así que mejor imposible haber compartido esa tarde en su casa, creo que todos nos fuimos contentos ese día.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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