Un flashback del mundo del skate en los 80s

Hablamos con Nucha Mougabure, tiene 43 años, vive en el barrio de Caballito con su marido y su hijo de 14 años Tobias, y otro hijo de 22 que ya vive solo. Contactamos a Nucha ya que nos nuestra una de las primeras revistas de Skate del país, una tabla de Skate Santa Cruz de los 80, y un shop.

Nucha en el año 89 con 13 años

¿De donde sacaste el amor por el skate? ¿Quién te influenció?
Mi amor del skate surge por lo que represento en mi niñez, y aunque mi paso por la lija fue breve aun hoy me emociona ver andar a mis grandes amigos. Me influenciaron mis hermanos mayores Pablo y Diego, más conocidos como “Rambo y Rambito” con quienes iba a todas partes. Durante esa época pude ver andar a varios proceres del skate local como Rolf, Pablo Ipucha, Wallas, Chara, Tuko La Matina, Javi Ferrari, Ivan Rafowickz, Marianito Gonzales y un largo etc.

¿A qué edad te subiste a una tabla por primera vez? ¿Lo hiciste sola?
Fue a los diez años, junto a mis hermanos, como si fuera un juego. Hacia principios de los 90 empecé a andar seguido gracias a Mery Orgueira, quien me ayudó a armar mi amada y esperada Santa Cruz Klaus Grabke, coinsiguiendome los tracks y las varillas.

¿Con quienes salías a andar? Dijiste que te daba vergüenza andar en las rampas con gente, así que cuando fue la primera vez que “mostraste tu andar”?
Salía a andar sola, por que todos mis amigos tenían un nivel muy alto y yo, que apenas empezaba, sentía algo de vergüenza. Iba por lo general al Hospital Naval, donde me cruzaba bastante seguido con Ivan y con Wallas.

¿Cómo eran los primeros lugares para andar en skate?
Los primeros lugares que recuerdo eran la rampa de Ciudad Universitaria y los Bowl de Munro. La rampa de Ciudad era altísima, con mucho vertical y se notaba que estaba hecha a pulmón y con mucho corazón. Era tremendamente sólida y se hacían muchísimos campeonatos en ella, en los que corrían los nombres más importantes de la escena de esa época, como Lucho Aliano, Pablo Ipucha, Javi Ferrari, Rolf Durrieu, el Mosca, Quique Candioti y otros skaters no tan recordados como el Chino Lester, los hermanos Pelliza y un amigo Norteamericano de Javi que se llamaba Ralf, que era increíble haciendo freestyle. Munro era un complejo dentro de una galería comercial. La construcción de los bowls era impresionante, parecían yanquis, había tres ditchs conectados que se les decía “las negritas” un bowl mediano y un bowl enorme con un vertical tremendo. Ahí también andaban mucho Javi Ferrari y Pablo Ipucha, y posteriormente apareció una nueva camada con Hernán Olivares y Ladas Amarilla.

¿Te acordas cuando compraste la revista Big Bang? ¿Conocías aquel que hizo la revista en ese entonces?
La Big Bang la editó mi amigo Luis “Bocha” Ursul y aunque fue una sola tirada fue muy significativa. En ella estaba toda la info de campeonatos, fotos de los mismos, data sobre cine, música y tenía una delas primeras entrevistas realizadas a Massacre Palestina.

Contanos un poco del inicio del rock y los tatuadores de tu zona.
En cuanto a los inicios del Rock , relacionándolos con el skate punk, sin duda tenes que tomar como referente a Massacre Palestina. Yo a los 10 años iba a la sala a ver como ensayaban y a los 12 fui a mi primer show, donde se generaba un ambiente más cercano a California que a Buenos Aires, donde se apilaban las tablas al costado del escenario, veías remeras de 7 Seconds, The Brigade o TSOL y en donde, a pesar de que éramos pocas, se podía ver a algunas chicas entre el público. Mi primer Tattoo me lo hice a los 12 años, con un tatuador al que le decían Judass, también conocía a Miahira y Miguel Ángel. Trabajaban por lo general en sus casas o departamentos y era algo infinitamente menos masivo de lo que es hoy.
Esa era una época que se caracterizaba por que todo lo que vos quisieras conseguir llevaba un proceso arduo y en el que tenías que tener paciencia, en contraposición a la inmediatez que hoy brinda Internet. Ya fuera un disco, una tabla, ropa, zapatillas o una Thrasher, que eran cosas cuyo valor principal era que venían de EE.UU. y se diferenciaban de lo que era común y corriente. Éramos pocos y por lo general si te cruzabas a alguien con unas Air Jordan “Chacarita” o unas Vans, un pañuelo en la cabeza y una remera de skate era alguien que ya conocías de algún lado.
Nos manejamos como un grupo de gente un poco cerrado y teníamos un concepto más de tribu, nos vestíamos y escuchábamos todos más o menos lo mismo y veíamos al skate como algo que aunaba la cuestión de rebelión cultural con un deporte en el que no tenías una figura que te impusiera reglas.

Nucha en su local Sway

¿Te parece que cambio mucho la onda de esa época a la de ahora?
Hoy por hoy creo que el deporte y la cuestión cultural no están tan unidos, desde un sentido que todo es más abierto y no es tan cerrada la identidad del skater. Esto lo veo patente cotidianamente en Sway, mi tienda, donde necesito tener opciones para que cada persona que entre se sienta identificada con un perchero. Lo bueno de la actualidad es que hoy por hoy lo que se diseña y fabrica a nivel local tiene preponderancia y ya se dejó de lado la cuestión de valorar lo importado, por eso trabajamos con marcas de diseñadores independientes que realizan productos de igual calidad e inclusive superiores a lo que teníamos en aquella época.