Charla con el surfista, creativo y escritor de Con las olas Contadas

En la primavera de 1987, quince años después de haber nacido, se paró por primera vez en su tabla de surf sobre las olas de la costa de Necochea. En aquella época, la nueva democracia estaba en pañales, el mundo no era ni por asomo lo que es hoy. La música se escuchaba por casette o discos de
vinilo, apenas existían las computadoras, y lo más moderno que podía tener un pibe de su edad, era un walk-man. Ningún adolescente de ese entonces, tenía en mente que a futuro iban a existir los teléfonos celulares e internet. Argentina empezaba a abrirse al mundo, la gente empezaba a viajar y así
empezaban a llegar las influencias de otros lados del mundo.

Juan Manuel Marchetti, no era ajeno a esa realidad. Hoy podemos decir que él, junto a sus contemporáneos, integra el grupo de surfistas de aquella vieja escuela. La segunda generación de surfistas de Necochea.
Juan Manuel (o “Araña” para sus amigos) se considera un surfista de potrero. Desde los quince junto con sus amigos surfistas, pasaban los días jugando en la escollera de Necochea, sin importar si las olas estuvieran buenas o malas. Ese era su potrero. Ese fue y sigue siendo, el lugar donde le dio vida a sus relatos. Treinta y pico años después, con cuatro hijos en su vida, más todas las responsabilidades y obligaciones para mantenerse en pie, hoy día sigue asistiendo cuando las olas lo llevan. No con la frecuencia diaria de aquellos años, pero sí con el sabor de disfrutar mejor cada día que se le presenta.

“Todo lo que me sucedió hasta hoy desde que me convertí en surfista, tiene como punto de partida aquel potrero de arena y mar frecuentado diariamente en los años ochenta y noventa. No creo en el destino, creo en los sueños, porque vivir no deja de ser un sueño. Parafraseando a Lennon,
«La vida es lo que nos pasa mientras surfeamos»

Juan Manuel

Juan Manuel es surfista, escritor y creativo publicitario (gerencia con su socio y amigo surfista de la infancia, Agustin Perez Laspiur, su propia agencia de publicidad en Necochea, que nació como necesidad laboral para no irse a trabajar a Buenos Aires). Su amor al surf de joven le llegó más que nada por una actitud de rebeldía contra una sociedad conservadora, como lo era en los ochenta, en su ciudad de origen.
Los surfistas en ese entonces éramos vistos como los vagos y faloperos del pueblo. Esa visión errada nos hacía enojar, pero por otro lado, nos divertía. Ya que no queríamos ser ejemplo de nada. Teníamos una mirada más punk con todo lo que nos rodeaba, teniendo en cuenta que la democracia recién arrancaba y la gente era muy seria. En treinta años he cambiado muy poco, hoy como ayer, lo que más quiero es correr olas todos los días posibles.

¿Como fue el proceso de creación de Con Las Olas Contadas?
Hay algo dentro mío que me motiva a escribir, lo descubrí de grande, cuando era pibe no me interesaban los libros. El proceso creativo del libro nació desde una idea mínima, que luego se fue agrandando como una bola de nieve, que tomó forma de una novela corta y luego mutó a uno de los cuento principales del libro. Sentarme a escribir muchas veces sale como una respuesta a la necesidad de expresar o liberar ciertas cosas encerradas en la cabeza. Y otras veces como diversión, como distracción a lo cotidiano. Me encanta leer cuentos, novelas, todo el tiempo tengo un libro en mis manos. Y desde esa posición, juego a hacer escritor, a decirme a mí mismo, que yo puedo hacerlo. Como vengo del palo de la publicidad, y trabajo todo el tiempo con las ideas, no me cuesta salir de la hoja en blanco. Antes de sentarme a escribir soy de imaginarme la trama del relato. Voy por la calle hablándome, utilizó el tiempo en el agua, cuando espero una ola para pensar, o me pierdo en mi casa, mientras Vanesa se ocupa de los niños. Me encantaría tener más tiempo libre para escribir más, pero como no vivo de la escritura. No me hago problema.

En el primer libro «Largo todo. Chau me voy ̈ hay muchas referencias a tu vida del surf en los 90 y de tus viajes, en este nuevo hay algo de eso?
Escribo sobre lo que vivo, lo que conozco. Siempre hay algo de mí en los relatos. Pero cuando digo de mí, significa la vida que llevo en Necochea, inclusive un montón de cosas que nacen de charlas cotidianas con mis amigos surfistas. Nunca se los he planteado, pero saben que en esas historias, a veces son ellos los que hablan.
Pertenezco a una generación de surfista de Necochea, que hemos mamado al surf cuando no existía posiblemente la mayoría de cosas que existe hoy en el surf. Nos metíamos al agua en invierno con trajes de neoprene inviables para los tiempos modernos, en principio porque la tecnología que hay hoy no existía, y en gran parte porque si había algo potable, tenías que tener mucha plata para comprarte un buen equipo en Mar del Plata, y no estaba al alcance de muchos.
Surfeábamos la escollera o Quequén prácticamente sin gente, había una paz completa, sobraban las olas y los surfistas se contaban con los dedos de la mano. A medida que crecimos, vimos todo el cambio que se generó de los 90 a hoy día. Muchas cosas no las aceptamos, y otras las festejamos.
Hay mucho de eso en la construcción de los personajes en los relatos del nuevo libro. Tené en cuenta que antes en Necochea, ser surfista era
sinónimo de falopero, y lo digo literal, porque lo viví en carne propia. Más de una vez, en mi adolescencia, en el colegio donde iba, llamaron a mi vieja para decirle que mis amigos y yo nos drogábamos para meternos al mar en invierno. Porque no podían creer que con el frío necochense, alguien se metiera al mar en invierno.
En aquel entonces muy pocos nos metíamos todo el año. Éramos un puñados de pibes raros que influenciados por los surfistas de Mar del Plata, nos animábamos a surfear todo el año. Esas cosas me quedaron marcadas. Más aún con el contraste actual, cuando ser surfistas es algo muy normal,
hasta considerado como algo“cool”. Ambas realidades están mal. Y los personajes del libro, en parte toman revancha de eso. En este nuevo libro además de identificarse con la filosofía surfera, trae a discusión todo este cambio vivido en el surf desde la era pre internet a la actual.

A todo creativo le dicen siempre ̈Tenes que anotar tus idea en una libreta ̈, vos lo haces? Ya sea en papel o el celu.
Yo soy más del : Pienso, luego escribo. Soy analógico, me gusta tener papelitos, o un anotador pedorro que está siempre a mi alcance para usarlo cada vez que se me viene una idea a la cabeza. Igual escribo siempre después de pensar la idea. No soy de sentarme a esperar que venga la inspiración. Preparo bien la cancha. Pero tengo que reconocer que últimamente me estoy amigando más con los teléfonos, antes no los usaba (mi rebeldía no llegó hasta tanto) Me pasó un caso muy curioso con el libro. Uno de los cuentos principales, XYZ, me costaba mucho terminarlo, no le
encontraba la vuelta. Me sentaba a escribir y no fluía el final. Entonces lo dejé pastar. En ese momento descubrí que el teléfono tenía la app de notas, esa que le hablás y traduce tu voz a texto escrito (no muy bien, pero en fin) y me fascinó la idea. Como soy de hablar conmigo mismo y amasar las idea en la cabeza, empecé a grabar lo que me venía a la mente para darle forma al final del cuento. Llegué a escribir unas cuantas páginas. Un hermoso día de verano, nos fuimos todo el día con mi familia a la playa, al volver a casa de noche, nos encontramos con la puerta abierta y la policía con su sirena azul en la puerta de casa. Esa tarde nos habían entrado a robar. Entre las cosas que se llevaron estaba mi teléfono, que para ese entonces lo dejaba siempre en casa. Moraleja, no pude recuperar nada, el final del cuento quedó en ese teléfono, y de ahí en adelante continué escribiendo mis ideas en papel.

¿A qué se debe el nombre del libro?
Es el nombre del cuento principal del libro. La historia de un ex montonero que a meses de empezar la dictadura del 76, perseguido por la triple A, le agarra un ataque de pánico y larga todo para salvar su vida. El tipo logra exiliarse y muchos años después, un grupo de amigos surfistas buscando olas por el sur de la provincia, lo encuentran surfeando olas solitarias y perfectas en un lugar inhóspito en el sur de la provincia de Buenos Aires. Ese cuento iba a ser una novela, pero como se me iban ocurriendo otros relatos, lo cambié a formato de cuento largo o novela corta. Tenía otros nombres para el libro. En una de las tantas correcciones, hago foco en una frase que el personaje dice, cuando le preguntan porqué a los sesenta años sigue con tantas ganas de surfear, y él le contesta: A esta edad tengo más ganas de surfaer que antes porque sé que tengo las olas contadas.
Esa escena del cuento está inspirada en dos amigos y grandes surfistas necochenses: Luis Cafiel y Rober Dinneno. Un día de esos memorables, se hacía de noche y salimos todos del agua menos ellos, que no paraban de
agarrar olas. Uno de nosotros, excusándose por no estar ahí adentro del agua, dijo: —Y… estas siguen en el agua porque a su edad ya tienen las olas contadas. Además de gustarme la frase, creo que ese juego de palabras resume muy bien la escencia del libro.

Entiendo que dentro del libro hay cuentos, cuál es el que más te gusta y porque?
No sabría decir cuál es el que más me gusta. Pero si cuál me divertió más escribir, o cuál fue más intenso. “33 grados” es un cuento interesante, está escrito desde la perspectiva de la novia de un surfista, y saca los trapitos al sol, desenmascarando el egoísmo que invade la mente de un surfista, un día de olas perfecta. Es un drama con gusto a comedia. Un cuento corto con las palabras justas. Incómodo para cualquier surfista que se vea reflejado. En lo particular es una manera de hacer un Mea culpa, a tanto aguante que Vanesa, la mujer que amo, me tiene. El formato libro de cuentos me permite ir de un lado para el otro. Y contar cosas fuera del mundo del surf, pero que nos toca a todos. Hay un cuento que se desarrolla en un bar, pero un bar de barrio, donde a partir del absurdo meto el tema del machismo. Es otro cuento donde me divertí mucho escribirlo. Tiene un aire Fontanarrosesco, que siempre es una influencia a la hora de escribir, ya que lo considero uno
de los escritores que más me divierten del mundo. El cuento XYZ reflexiona sobre la industria del surf, desde una mirada anti-marketing. Es otro de los cuentos más largos, y principales. Quizás también incómodo. Pero guarda una mirada muy romántica del deporte y la vida. Un cuento que sale del potrero donde crecimos. Y para mí, el personaje principal en la parte final del cuento, tira una frases que resume en seis palabras lo que significa el surf para todo surfista.

Nota: El libro por el momento, por todas estas cuestiones de pandemia, se puede conseguir vía web.
juanmarchetti.com.ar

Estimo que en breve estará en venta en alguna tienda en Buenos Aires.