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El primer desafío sobre las olas: la familia Alfonso-Chaves descubrió el surf en las playas de El Salvador

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En su primera visita a El Salvador, Pedro Alfonso, Paula Chaves y sus hijos Olivia, Baltazar y Filipa vivieron una de las experiencias más representativas de Surf City: aprender a surfear. En Playa San Blas, acompañados por instructores de La Ola Surf Camp y el host de Gravedad Zero, Mateo Rojas, la familia tuvo su primer contacto con un deporte que define la identidad de la costa salvadoreña.

Hay viajes que se recuerdan por sus paisajes y otros por las experiencias que transforman la manera de descubrir un destino. Para la familia conformada por Pedro Alfonso, Paula Chaves y sus hijos Olivia (2013), Baltazar (2016) y Filipa (2020), su primera visita a El Salvador quedará marcada por un momento muy especial: subirse por primera vez a una tabla de surf.

Invitados por Gravedad Zero, la plataforma especializada en turismo de aventura y deportes de acción, la familia comenzó su recorrido por Surf City, el corredor turístico que ha convertido a El Salvador en uno de los destinos de surf más importantes del mundo, gracias a sus olas de calidad internacional, infraestructura turística y la organización de competencias oficiales de la International Surfing Association (ISA) y la World Surf League (WSL).

 

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San Blas, la playa perfecta para dar el primer paso

La primera parada fue Playa San Blas, en el departamento de La Libertad, un rincón del litoral salvadoreño reconocido por su extensa playa de arena negra volcánica y por ofrecer condiciones ideales para quienes desean iniciarse en el surf.

A diferencia de otros puntos del país que reciben olas de nivel profesional, San Blas combina un fondo de arena, rompientes más amigables y amplios espacios que permiten aprender con tranquilidad. Es precisamente por estas características que La Ola Surf Camp la ha convertido en uno de sus principales escenarios para las clases dirigidas a principiantes.

Allí, el sonido constante del Pacífico fue el telón de fondo para una experiencia que rápidamente dejó de ser un desafío para convertirse en un juego familiar.

Dos clases, cinco sonrisas y un mismo objetivo

Durante dos jornadas de aprendizaje, cada integrante de la familia recibió una introducción personalizada a este deporte.

Desde cómo cargar la tabla y leer el movimiento del océano hasta la técnica para incorporarse sobre la ola, las clases fueron diseñadas para que tanto adultos como niños pudieran disfrutar del proceso sin importar la edad o la experiencia previa.

Pedro y Paula compartieron el entusiasmo de aprender algo completamente nuevo junto a sus hijos, mientras Olivia y Baltazar asumían cada intento como un reto lleno de diversión. Incluso la pequeña Filipa, con apenas seis años, vivió la experiencia adaptada a su edad, acompañada permanentemente por los instructores.

El resultado sorprendió incluso a quienes los acompañaban: todos lograron ponerse de pie sobre la tabla, celebrando cada ola conquistada entre risas, aplausos y muchas ganas de volver al agua.

Más que una clase de surf, fue una actividad que permitió compartir tiempo en familia, superar pequeños miedos y descubrir que las mejores vacaciones muchas veces comienzan saliendo de la zona de confort.

 

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La guía de un conocedor de Surf City

Acompañando toda la experiencia estuvo Mateo Rojas, host de Gravedad Zero, experimentado surfista, profundo conocedor de las playas salvadoreñas y una de las voces más reconocidas del surf internacional como locutor oficial de competencias organizadas por la ISA y la WSL.

Su conocimiento del océano y de cada uno de los puntos de surf del país permitió que la familia entendiera que Surf City es mucho más que un lugar para practicar un deporte.

Durante la jornada, Mateo compartió historias sobre la evolución del surf en El Salvador, explicó por qué las olas salvadoreñas atraen cada año a los mejores atletas del mundo y mostró cómo el país ha construido una identidad que combina naturaleza, hospitalidad y cultura alrededor del océano.

Su acompañamiento fue clave para que la experiencia se desarrollara en un ambiente relajado, seguro y cercano, transmitiendo la pasión que sienten los salvadoreños por el mar.

El Salvador, un destino que hoy habla el idioma del surf

En pocos años, El Salvador pasó de ser un secreto bien guardado entre surfistas a consolidarse como uno de los grandes referentes mundiales de este deporte.

Con playas emblemáticas como Punta Roca, El Sunzal, El Tunco, El Zonte y San Blas, el país ha recibido campeonatos internacionales que reúnen a la élite del surf profesional, fortaleciendo el proyecto turístico Surf City, una iniciativa que impulsa infraestructura, conectividad y promoción internacional de la costa salvadoreña.

Este crecimiento no solo ha beneficiado a los atletas profesionales. También ha permitido el desarrollo de escuelas de surf, experiencias para familias, programas infantiles y propuestas para viajeros que desean vivir su primera experiencia sobre una tabla, tal como ocurrió con los Alfonso-Chaves.

Un recuerdo para llevar a casa

Como cierre de esta inolvidable primera experiencia, Surf City sorprendió a toda la familia con un regalo muy especial: lycras oficiales de la World Surf League (WSL), un recuerdo que simboliza el vínculo creado con el destino y con un deporte que, en apenas dos clases, logró conquistar a grandes y chicos.

Las prendas, utilizadas por surfistas de todo el mundo durante entrenamientos y competencias, se transformaron en mucho más que un obsequio. Representan el inicio de una historia compartida con el océano salvadoreño y el deseo de regresar para seguir descubriendo nuevas olas.

Mucho más que aprender un deporte

Las primeras vacaciones de Pedro Alfonso, Paula Chaves, Olivia, Baltazar y Filipa en El Salvador comenzaron con una experiencia que resume el espíritu del destino: aventura, naturaleza y momentos compartidos.

Porque aprender a surfear en San Blas no consiste únicamente en lograr ponerse de pie sobre una tabla. Significa confiar, reírse de las caídas, celebrar los pequeños logros y descubrir que el verdadero viaje sucede cuando una familia se anima a vivir algo completamente nuevo.

Y si las sonrisas al salir del agua fueron un indicador, las olas de El Salvador ya dejaron una huella imborrable en esta primera visita.

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