En su primera visita a El Salvador, Pedro Alfonso, Paula Chaves y sus hijos Olivia, Baltazar y Filipa llegaron convencidos de que eran una familia «miedosa». Sin embargo, después de aprender a surfear, navegar un velero y descubrir nuevos sabores, decidieron despedir el viaje con la experiencia más extrema de todas: una travesía en vehículos 4×4 por caminos de barro, ríos y senderos naturales junto a De Ruta SV. El resultado fue tan inesperado como inolvidable: terminaron cubiertos de lodo… y con una sonrisa imposible de borrar.
Hay viajes que invitan a descansar y otros que desafían a salir de la zona de confort.
Para la familia Alfonso-Chaves, su recorrido por El Salvador fue una sucesión de primeras veces. Primero llegaron las olas de Surf City. Después la navegación en el Lago de Ilopango. Más tarde, el golf, las pupusas y los paisajes naturales. Pero todavía quedaba una última sorpresa reservada para el cierre del viaje. Una experiencia donde la adrenalina sería la protagonista.
Invitados por De Ruta SV, Pedro, Paula, Olivia, Baltazar y Filipa cambiaron la tranquilidad de los paisajes por el rugido de motores preparados para recorrer algunos de los caminos más desafiantes de la naturaleza salvadoreña.
Y aunque antes de comenzar todos coincidían entre risas en definirse como «una familia bastante miedosa», bastaron apenas unos minutos para que el miedo se transformara en pura diversión.
Tres UTV, una aventura compartida
La experiencia comenzó con una charla de seguridad y una explicación detallada sobre el funcionamiento de los UTV (Utility Task Vehicles), vehículos todoterreno especialmente diseñados para enfrentar terrenos irregulares con total estabilidad y seguridad.
El equipo de De Ruta SV acompañó a la familia durante toda la actividad, explicando cada tramo del recorrido y transmitiendo confianza desde el primer momento.
Esa combinación entre profesionalismo, conocimiento del terreno y atención permanente permitió que grandes y chicos vivieran la aventura con tranquilidad, disfrutando cada desafío sabiendo que todo estaba cuidadosamente planificado.
Con los cascos colocados y el cinturón ajustado, llegó el momento de acelerar.
Agua, barro… y muchos gritos de emoción
Los primeros metros parecían sencillos. Pero rápidamente el camino comenzó a cambiar. Charcos de agua, enormes pozas de barro, pendientes pronunciadas, desniveles inesperados y senderos rodeados de vegetación fueron elevando la intensidad del recorrido. Cada sacudón despertaba una mezcla de sorpresa y carcajadas.
Los UTV atravesaban sin dificultad sectores donde un vehículo convencional jamás podría avanzar, mientras la familia descubría una forma completamente distinta de explorar la naturaleza salvadoreña. Y cuando parecía que ya lo habían vivido todo, apareció uno de los momentos más emocionantes de la jornada. Había que cruzar un río. Sin detenerse, los vehículos avanzaron lentamente entre el agua, provocando salpicaduras que terminaron cubriendo a todos los ocupantes. Las risas fueron inevitables.
El barro también forma parte de la experiencia
A medida que avanzaba el recorrido, ya no había manera de mantenerse limpio. Cada nuevo charco significaba una lluvia de barro. Cada curva levantaba pequeñas salpicaduras. Cada aceleración sumaba una nueva capa de aventura. Al finalizar la travesía, el resultado hablaba por sí solo: todos terminaron embarrados de pies a cabeza. Pero si algo quedó completamente intacto fueron las sonrisas. Lejos de preocuparse por la ropa o el calzado, la familia celebraba justamente eso: haberse entregado por completo a una experiencia donde ensuciarse era parte de la diversión.
«¡Fue de las actividades que más nos gustó!»
Si bien todo el viaje estuvo repleto de momentos inolvidables, hubo un consenso inmediato entre los más chicos. Tanto Olivia como Baltazar coincidieron en que la aventura en UTV fue una de las actividades que más disfrutaron durante toda su estadía en El Salvador, compartiendo el primer lugar con las clases de surf que habían vivido días antes en Surf City.
La combinación de velocidad, naturaleza, agua y obstáculos convirtió el recorrido en una experiencia difícil de igualar. Para ellos, no fue solamente un paseo. Fue una auténtica aventura.
De Ruta SV: descubrir El Salvador desde otra perspectiva
Experiencias como esta forman parte de la propuesta de De Ruta SV, una empresa salvadoreña especializada en turismo de aventura y recorridos todoterreno que invita a conocer el país desde escenarios poco explorados.
Sus rutas atraviesan montañas, bosques, caminos rurales, ríos y paisajes naturales que difícilmente podrían descubrirse mediante un recorrido convencional.
Más allá de la emoción que generan sus experiencias, uno de los aspectos que más valoran quienes participan es el compromiso del equipo con la seguridad. Cada salida está guiada por personal capacitado, con vehículos preparados para este tipo de terrenos y protocolos que permiten disfrutar de la aventura con total confianza. Esa combinación entre adrenalina y profesionalismo hace que tanto principiantes como familias con niños puedan vivir la experiencia sintiéndose acompañados en todo momento.
Cuando las mejores vacaciones empiezan donde termina la comodidad
Durante varios días, Pedro, Paula, Olivia, Baltazar y Filipa fueron desafiando, uno a uno, sus propios límites. Aprendieron a surfear sin experiencia previa. Se animaron a navegar un velero. Descubrieron deportes que nunca habían practicado. Y finalmente terminaron acelerando un UTV entre barro y ríos, disfrutando como niños de una aventura que al principio parecía impensada. Aquella frase que repetían al comienzo del viaje —«somos una familia bastante miedosa»— quedó definitivamente atrás. Porque El Salvador tiene esa capacidad de sorprender a quienes se animan a decir que sí.
Sí a las olas. Sí a la naturaleza. Sí a la aventura. Y, por qué no, también a terminar completamente cubiertos de barro si eso significa llevarse a casa uno de los recuerdos más felices del viaje. Porque al final, las mejores historias no siempre se cuentan con ropa impecable. Algunas empiezan precisamente cuando uno decide ensuciarse las manos… o, en este caso, de pies a cabeza.