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Pupusa Party: la familia Alfonso-Chaves descubre el sabor más auténtico de El Salvador

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En su primera visita a El Salvador, Pedro Alfonso, Paula Chaves y sus hijos Olivia, Baltazar y Filipa cambiaron las tablas de surf por el delantal para vivir una experiencia gastronómica inolvidable: aprender a preparar pupusas. Entre bromas, manos llenas de masa y una vista privilegiada de El Sunzal, la familia conoció el plato que mejor representa la identidad salvadoreña.

 

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Después de conquistar sus primeras olas en Surf City, la siguiente aventura de la familia Alfonso-Chaves tenía un ingrediente muy distinto, pero igual de representativo del país: la gastronomía.

Porque conocer un destino también significa sentarse a su mesa, descubrir sus sabores y entender las historias que se esconden detrás de cada receta. Y en El Salvador, ninguna experiencia culinaria está completa sin probar —y mucho mejor aún, aprender a preparar— las tradicionales pupusas.

Con el océano Pacífico como escenario y una espectacular vista hacia El Sunzal, uno de los puntos de surf más famosos del país, Pedro Alfonso, Paula Chaves y sus hijos vivieron un encuentro con la cocina salvadoreña que terminó convirtiéndose en uno de los momentos más divertidos del viaje.

La pupusa, un símbolo nacional

Hablar de gastronomía salvadoreña es hablar de pupusas.

Elaboradas con masa de maíz o arroz y rellenas de una amplia variedad de ingredientes, las pupusas son mucho más que el plato típico del país: forman parte de su identidad cultural y representan una tradición que se transmite de generación en generación. En 2005 fueron declaradas Patrimonio Cultural Inmaterial de El Salvador, y cada segundo domingo de noviembre el país celebra incluso el Día Nacional de la Pupusa, una muestra del profundo arraigo que este platillo tiene entre los salvadoreños.

Aunque prepararlas parece sencillo a primera vista, detrás de cada pupusa existe una técnica que requiere práctica, paciencia… y la disposición a ensuciarse las manos.

Eso fue precisamente lo que descubrió la familia apenas comenzó la experiencia.

«Pedro no sabe cocinar ni arroz…»

Mientras la cocinera explicaba cómo transformar una simple bola de masa en una pupusa perfectamente rellena, Paula Chaves no dejó pasar la oportunidad para hacer una de esas bromas que provocan carcajadas instantáneas.

Con una sonrisa, comentó entre risas que Pedro «no sabe cocinar ni arroz», pero que allí estaba, dispuesto a animarse nada menos que a preparar pupusas.

La ocurrencia desató la risa de todos, incluida la cocinera, que inmediatamente alentó al actor argentino a demostrar que todavía estaba a tiempo de descubrir un nuevo talento culinario.

Lejos de intimidarse, Pedro aceptó el desafío con entusiasmo.

Ensuciarse las manos es parte de la receta

No pasó mucho tiempo para entender que hacer pupusas no es una experiencia para quienes temen ensuciarse.

Hay que tomar la masa con las manos, formar una esfera, abrirla cuidadosamente, incorporar el relleno, cerrarla nuevamente y darle forma antes de llevarla al comal caliente.

Cada paso requiere contacto directo con los ingredientes y mucha paciencia.

Pedro y Olivia fueron quienes más se involucraron en la preparación, siguiendo atentamente las indicaciones y disfrutando cada intento como si se tratara de un juego.

Entre aplausos familiares y alguna pupusa que al principio quiso escaparse de la masa, ambos fueron perfeccionando la técnica mientras descubrían el enorme valor que tiene esta tradición para miles de familias salvadoreñas.

Porque cocinar pupusas no consiste únicamente en preparar comida; también es una actividad para compartir, conversar y construir recuerdos alrededor de la mesa.

Un recorrido por los sabores de El Salvador

Llegó entonces el momento más esperado: probar el resultado.

Sobre la mesa comenzaron a aparecer algunas de las variedades más tradicionales y también otras que sorprenden incluso a muchos visitantes.

La familia degustó pupusas de loroco con queso, uno de los sabores más emblemáticos del país gracias al característico aroma floral del loroco; frijol con queso, un clásico infaltable; ajo con queso, de intenso sabor; camarones, que aporta un toque costero a la receta; y hasta una de las más llamativas del menú, «la loca», conocida por combinar múltiples ingredientes en una sola pupusa y ofrecer una explosión de sabores en cada bocado.

Cada una fue acompañada, como marca la tradición, por curtido y salsa de tomate, el complemento perfecto que equilibra la suavidad de la masa y la intensidad de los rellenos.

Para la familia argentina, acostumbrada a otros sabores y preparaciones, fue un verdadero viaje gastronómico que despertó la curiosidad de grandes y chicos.

Un paisaje que completa la experiencia

La cocina estuvo acompañada por un escenario difícil de olvidar.

Desde el lugar donde compartieron la experiencia, la vista se abría hacia El Sunzal, una de las playas más emblemáticas de Surf City, donde durante todo el día es posible observar a surfistas deslizándose sobre algunas de las olas más famosas de Centroamérica.

El sonido del mar, la brisa del Pacífico y el ir y venir de las olas crearon el ambiente perfecto para una actividad que unió gastronomía, tradición y naturaleza en una sola experiencia.

Es justamente esa combinación la que convierte a El Salvador en un destino donde cada comida también puede transformarse en una vivencia cultural.

Sabores que cuentan historias

Más allá de la receta, las pupusas representan uno de los grandes puntos de encuentro de la sociedad salvadoreña.

Se preparan en mercados, pequeños negocios familiares, restaurantes con vista al mar y hogares de todo el país. Son protagonistas de reuniones familiares, celebraciones y encuentros cotidianos, convirtiéndose en un símbolo de hospitalidad que todo visitante debería experimentar.

Para Pedro, Paula, Olivia, Baltazar y Filipa, esta fue una forma diferente de acercarse a la cultura local: no como simples espectadores, sino participando activamente de una tradición que los hizo reír, aprender y compartir.

El mejor recuerdo también puede tener sabor

Después de una mañana entre harina, queso y muchas carcajadas, la conclusión fue unánime.

Las pupusas dejaron de ser un plato desconocido para convertirse en uno de los grandes descubrimientos de este primer viaje por El Salvador.

Porque algunas experiencias se guardan en fotografías y otras permanecen en la memoria gracias a sus sabores.

Y si aprender a surfear les permitió conectar con el océano salvadoreño, preparar y compartir pupusas les abrió la puerta al corazón de su gastronomía: una cocina sencilla, generosa y profundamente ligada a la identidad de un país que recibe a sus visitantes con la misma calidez con la que sirve su plato más emblemático.

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