Celebrating David Bowie en Buenos Aires

Era una joda y quedó. Lo que empezó como un sentido homenaje íntimo en el Roxy de LA entre fans y amigos del duque blanco coincidiendo con su 70mo cumpleaños, creció hasta convertirse en un ritual emocionante con paradas internacionales que si bien no está ni cerca de llenar un vacío, cumple al pie de la letra el mote de celebración.

Por: Adriano Mazzeo – Geronimo Faralla

Con un repertorio mas cercano a la faceta rocker de Bowie, un improbable pero efectivísimo septeto se pasea mas que cómodo por hits que atraviesan todas las etapas mas reconocidas y (otra vez) celebradas del camaleónico artista que se convirtió a fuerza de rebeldía, desafíos y cero condensendencia con su público, en un estilo en si mismo.

El espectáculo que no cuenta con mas que la banda interpretando las canciones y algunas visuales, sumó a su lineup al destacadísimo Adrian Belew, mas reconocido por su trabajo en King Crimson, Frank Zappa y NIN, pero que también fué el guitarrista de Lodger (proyecto experimental en su concepción y desarrollo entre Bowie, Tony Visconti y Brian Eno) y participó de de la gira Sound + Vision en los años 90. Belew, un verdadero laburante de la guitarra a quien el rótulo le cabe no solo por subir en overall y gorra roja sino porque más alla de ser el músico mas convocante de la presentación sabe ocupar perfecto su lugar, subir a escena recién en el tercer tema, no tocar donde no hace falta, llevar la voz líder cuando se necesita, agitar al público cálidamente y darse el gusto de tocar una vez mas en vivo Pretty Pink Roses, un tema de su disco Young Lions de 1990 que cuenta con la voz del mismísimo Bowie quien le regaló el tema en aquellos días donde su relación crecío al punto de desarrollar una amistad.

Pero hubo un factor determinante en el espectáculo que hizo que lo bueno sea increíble, lo efectivo imprescindible y la sorpresivo necesario y eso fué la ecléctica participación de Angelo Moore, frontman de Fishbone y de varios etc como Brand New Step y DrMadvibe. Moore no solo deslumbra con su descomunal habilidad vocal sino que es dueño del escenario cada vez que lo pisa con un magnetismo que genero una cantidad creciente de videos y fotos a medida que avanzaba el show ya que si bien la mayoría de los concurrentes no habían contado con la dicha de verlo anteriormente en vivo se metió a todos en el bolsillo con sus interpretaciones y sumando un cambio de vestuario en cada tema donde participara (aproximadamente el 60% de las canciones). Mención aparte para este injustamente desvalorado responsable de la movida del nuevo rock de los 90 en LA quien al terminar el show ocupó personalmente el stand con merchandising de la gira firmando cuanta camiseta se vendiera y posando para fotos con quien lo pidiera, algo que se lo ha visto hacer en mas de una oportunidad, un espíritu imbatible del Do It Yourself que derriba de un plumazo el mito de los rockstars y veddetes del rock.

Nota aparte para otra curiosidad de la mano de, Michael Urbano, el hombre sentado detrás de los parches, quien supo ser el baterista en alguna etapa tanto de Sheryl Crow como de otra banda que mas de uno de los concurrentes (aunque no todos) conoce al menos de haber escuchado uno de sus hits en la radio, la pegajosa y americanísima Smash Mouth.

Otro acierto fué la inclusión del Australiano Paul Dempsey en guitarra acústica quien cada vez que le tocó el rol de llevar adelante la voz principal lo hizo con el acertadísimo criterio de interpretar con su propio estilo y no imitar ni acercarse en nada a lo que todos conocemos en discos y actuaciones en vivo de Bowie. El resultado: una transmisión perfecta de emoción y amor por esas canciones que era imposible no recibir y caer bajo sus efectos.

Eventos como este hacen que las habladurías sobre ubicar a la noche de Buenos Aires entre las mas destacas del mundo se acerquen a una realidad, para los presentes que casi colmaron Museum contaron con el privilegio de ser testigos que la música de tremendo artista sigue viva por siempre y trasciende generaciones como lo demostraron el rango de público que iba desde adolescentes a sexagenarios y la diversidad de look de los mismos con concurrentes portando remeras de metal hasta señoritas arregladas para un evento digno de las mejores galas. Algo que de una manera traduce lo que significaba el mismo Bowie, una licuadora del paso del tiempo y estlos servido frío, tan frío que quema.